Hace unas semanas vino Peter Thiel a Buenos Aires y yo me acordé de una bandera que vi en la tribuna del Manchester United unos años atrás. Era un mensaje contundente, con mucha altura y expresado en muy pocas palabras que decía así: History, Integrity, Dignity. You Stole it All. Más british imposible, una verdadera obra de arte. Por lo que pude averiguar, la bandera no estaba dirigida a los jugadores, sino que la portaba una organización de hinchas del United llamada “La 58” que protesta contra la familia dueña del club y lo que hizo con él. O, al menos, lo hacía en el 2023, cuando al equipo le iba muy mal en la Premier y en las competencias internacionales. Cuando leí que Thiel había comprado una casa en Palermo Chico me imaginé yendo a colgarle alguna bandera o pasacalle similar que expresara lo que su filosofía y sus acciones le hicieron a la ilusión de una generación que descubrió internet cuando ésta significaba conexión, horizontalidad, distribución, conocimiento, acceso a herramientas sin intermediarios, colaboración, transparencia, autogestión, investigación, creación. Todo eso te llevaste, Peter, You Stole it All. Del Open Source a la caja negra del machine learning. De la conexión y la colaboración al aislamiento y la división. Del anonimato a la vigilancia extrema como elemento fundamental del modelo. De la comunidad por afinidades a la tribu y las burbujas (falsas, porque personas que pensamos que están en nuestra burbuja tienen una burbuja propia distinta a la nuestra y ninguno de los dos lo sabe). Del DoItYourself a delegar funciones cognitivas a la IA (hace dos meses, Sam Altman declaró en una entrevista: “We see a future where intelligence is a utility, like electricity or water, and people buy it from us on a meter”). De la ampliación de la oferta a la elección manipulada en base al análisis exhaustivo de tus emociones. Del blog personal al shadowbanning. Del Peer 2 Peer a que toda interacción esté mediada, guiada, intervenida y registrada por EvilCorp. De la red social al social media, donde consumimos contenidos que se disfrazan de material espontáneo subido por usuarios pero que fueron creados por agencias o por las propias plataformas con objetivos puntuales (hace poco se popularizó una nota en substack sobre este tipo de marketing aplicado al mundo de la música).
Pero Peter se debe sentir orgulloso de que este hoy no sea como aquello que prometía ser aquel ayer. En el mejor de los casos debe pensar que, de haber continuado así, fuerzas menos deseables aún hubiesen tomado nuestras vidas, y por eso decidió anticiparse. Hubieses preguntado, al menos. Pero claro, nosotros no entendemos, no lo hubiésemos decidido voluntariamente. Es una nueva versión del revolucionario-iluminado-que-te-toma-por-asalto-por-tu-propio-bien, otra vez. El costado positivo es que la visita generó que todos los medios lo perfilen y escriban sobre él, aliviándole un poco la tarea a quienes recibían miradas de ceja levantada cuando lo mencionaban en medio de una conversación. La bandera imaginaria no hubiese tenido efecto, y me hubiese homologado a una especie de hincha desilusionado. Así que, en cambio, hice lo que hago siempre: me puse a buscar música.
Mientras el visitante mantenía reuniones a puertas cerradas para conectar toda la base de datos del país a la piedra que se quiso robar Pippin Tuk y, quizás, diseñar un nuevo búnker post apocalíptico en la Patagonia, por si no sale bien lo de subir su preciosa mente a la nube -spolier: it will not-, a mí se me ocurrió volver a entrar a Soundcloud. Me sorprendió descubrir que todavía está online. Una plataforma que solía usar bastante para descubrir canciones nuevas pero a la que, en algún momento, dejé de lado por varias razones. Una de ellas es que se volvió restrictiva respecto de la posibilidad de darle play a un track dependiendo del país del usuario. La frase “no disponible en tu país” para el stream de música se me aparecía absurda para una plataforma cuyo principal objetivo es la autopromoción. Increíblemente, esto continúa sucediendo, supuestamente por temas de copyright que varían de región en región.

Otra de las razones por las que dejé de entrar fue que los sellos que me gustaban dejaron de usarla para postear tracks nuevos (se volcaron a spotify y bandcamp, que permiten monetizar las escuchas o realizar compras de los tracks en alta calidad o en vinilo respectivamente), y en cambio se empezó a poblar de géneros y sub sub géneros que no me atraían mucho. Pero el reecuentro fue positivo. Tuve que volver a generar una cuenta, enviar un mail explicando que no era un spambot, y ya. Me había desacostumbrado al modelo, que no es ni más ni menos que el de las RRSS en sus inicios. Uno puede seguir cuentas de bandas, sellos, artistas, DJ’s o de particulares y armarse un timeline sin manipulaciones más que las propias, en el que van apareciendo las canciones que postean o repostean los usuarios a los que seguimos, en orden cronológico. También, con mucha facilidad y sin tener que trabajar para encontrar un recurso oculto, se puede ingresar a un perfil y ver las canciones a las que le dio like o comentó alguien que sigue a un artista que uno también sigue, dejándose llevar por su criterio musical. Bandcamp es siempre el primer lugar al que voy para escuchar las canciones cuando me mencionan alguna banda desconocida, pero no es una plataforma por la que pueda navegar vinculando hitos o siguiendo algún camino propio para saltar de un artista a otro e ir descubriendo cosas. Soundcloud facilita mucho ese aspecto en un entorno no-tóxico, solo hay que dedicarle tiempo a armarse un camino. Si se revirtiese el éxodo que sufrió sería un buen lugar para los que no manejamos las movidas (muchas de ellas, nuevas y muy populares) que todavía viven ahí dentro. Fue en este paseo por Soundcloud que hallé algunas de las canciones con las que se armó esta nueva Selección Pixie.
