Lo que nos junta.

Nos veníamos preguntando por qué razón el rock últimamente no nos estaba diciendo nada. Veníamos pensando si no éramos nosotros los que habíamos perdido la capacidad de que nos transmitan una energía, de contagiarnos, o si la energía se había ido a otro género, a otro rubro, a otra plataforma. Veníamos pensando en el furor por el disco de Vince Staples, en las millones de visitas que tienen en youtube los videos caseros de raperos y de hip hop argentino que pasan desapercibidos para el periodismo entero del rock (¿sigue existiendo el periodismo de rock?), en los pibes que vimos rapeando en las esquinas de Neuquén hace tres años y los que vemos hoy en el subte. Veníamos pensando por qué se estaban incrementando nuestras inmersiones en la música digital, por qué habíamos pasado del efecto inmediato de la guitarra, el riff y el estribillo a los largos sets con trama, que basan su construcción en la repetición y en la variación, que te llevan de etapa en etapa elevándote de a poco, haciendo que la explosión cobre otro sentido justamente porque antes pasaste por las etapas anteriores. Veníamos pensando cuál era el sonido del futuro, veníamos pensando tristemente si el rock no había quedado como un hobby burgués, como un fetiche retro, como el resultado del aburrimiento y el lamento del que quedó entre dos Eras con cierta comodidad. El aburrimiento del que no está enojado ni desesperado pero tampoco está empujando por construir algo nuevo, aquello que dejará obsoleto lo que hoy ocupa. El lamento contemplativo del que observa la belleza del cambio por la ventana sin levantarse, o la fiestecilla de salón del que no sale del palacio hace rato. Veníamos pensando si no era todo eso lo que hacía que ya no escuchemos un tema nuevo entero y que descartemos los discos que bajamos en segundos. Sí, todas esas cosas horribles veníamos pensando cuando nos llegó el link al nuevo disco de Los Reyes del Falsete. Le dimos play y en el momento en el que normalmente extendemos la mano para poner stop, la extendimos para subir el volumen. Los temas se siguen sucediendo y una frase del tema nueve se repite en este momento como un mantra: Estamos perdidos, encontrándonos.

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